El ecosistema emprendedor ambiental colombiano
En los últimos cinco años, Colombia ha visto emerger decenas de startups enfocadas en tecnología ambiental. Medellín lidera el ecosistema con su infraestructura de innovación consolidada (Ruta N, Tecnnova, la UNAL sede Medellín) y una cultura emprendedora que se ha ido abriendo a los temas de sostenibilidad. Bogotá concentra la mayor cantidad de startups por volumen, y ciudades como Cali, Barranquilla y Manizales están construyendo ecosistemas propios con perfil ambiental interesante.
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Las áreas de innovación más activas
El monitoreo ambiental mediante sensores IoT para calidad del aire, agua y suelo en tiempo real es quizás el segmento más activo. Varias startups bogotanas y paisas han desarrollado redes de sensores urbanos que generan datos ambientales en tiempo real para municipios y empresas. La gestión de residuos en clave de economía circular (plataformas que conectan generadores con recicladores y transformadores) está creciendo, impulsada por la regulación de residuos especiales. Y el segmento forestal (herramientas digitales para gestión, monitoreo y certificación de proyectos forestales) ha crecido directamente como consecuencia de la Ley 2173.
El reto del capital
El principal obstáculo que enfrentan estas startups es el acceso a capital paciente. Los fondos de venture capital en Colombia son escasos comparados con Brasil o México, y los criterios de inversión tradicionales no se adaptan bien a modelos con retornos de largo plazo, como suelen ser los proyectos ambientales. La creciente disponibilidad de fondos de impacto y financiamiento climático internacional está abriendo nuevas oportunidades, pero el camino es lento.
La Ley 2173 como catalizador
La Ley 2173 ha creado un mercado concreto para startups que ofrecen servicios de gestión, monitoreo y certificación de proyectos forestales. El cumplimiento masivo de decenas de miles de empresas genera una demanda de soluciones tecnológicas que el mercado está apenas empezando a satisfacer. Para los emprendedores ambientales colombianos, la norma fue inesperadamente un catalizador de oportunidades de negocio.