La demanda de proyectos ambientales crece más rápido que el talento especializado
Febrero empieza con un problema silencioso, pero bastante serio. Colombia quiere sembrar, restaurar, cumplir, pero no tiene suficientes manos preparadas para hacerlo.
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Porque no, esto no va solo de voluntad. La reforestación bien hecha necesita ingenieros forestales, técnicos, viveristas, expertos en suelos. Y esos perfiles no aparecen de la noche a la mañana.
La Ley 2173 ha disparado la demanda de este tipo de profesionales. Empresas, administraciones, ONG, todos buscando lo mismo al mismo tiempo. Y claro, el mercado no da abasto.
Algunas regiones lo notan más que otras. En zonas rurales, donde más se necesita, a veces simplemente no hay suficiente capacidad técnica instalada.
Esto genera un efecto curioso. Proyectos que quieren avanzar, pero se frenan. No por falta de dinero, ni de intención, sino de conocimiento.
Y aquí entra otro tema delicado: la calidad. Porque cuando no hay suficiente talento, el riesgo de hacer las cosas mal aumenta (y eso ya sabemos cómo acaba).
El marco normativo colombiano exige rigor. La Ley 99 de 1993 y los lineamientos del Ministerio de Ambiente no dejan mucho margen para improvisar. Así que el país se enfrenta a un pequeño cuello de botella. Porque querer hacer las cosas bien está muy bien, pero hay que poder hacerlas.