Delegar proyectos ambientales sin control directo empieza a generar problemas
Cuando algo se complica, muchas empresas hacen lo mismo: externalizar. Y con la reforestación está pasando exactamente eso.
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Ante la presión de cumplir con la Ley 2173, algunas compañías están delegando completamente estos proyectos en terceros. Consultoras, fundaciones, operadores ambientales.
En teoría, tiene sentido. En la práctica, depende.
Porque delegar no es desentenderse. Y ahí es donde empiezan los problemas. Hay casos en los que el control es mínimo. Informes genéricos, poca trazabilidad, resultados difíciles de verificar. Todo muy bonito sobre el papel, pero poco claro en campo.
El Ministerio de Ambiente ha insistido en la responsabilidad directa de las empresas. No basta con contratar. Hay que supervisar, validar, asegurar que se cumple. Y eso implica tiempo, conocimiento y, otra vez, recursos.
Algunas empresas ya están corrigiendo el rumbo. Otras todavía confían demasiado en que "alguien más lo estará haciendo bien". Y claro, no siempre es así.
Porque cuando se trata de restaurar ecosistemas, confiar a ciegas no suele ser la mejor estrategia.