La tasa de mortalidad en reforestación empieza a preocupar más de lo que se admite
Aquí va una verdad incómoda: no todos los árboles que se plantan sobreviven. Ni de lejos.
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Y aunque esto se sabía, ahora empieza a medirse con más claridad. Y los números, en algunos casos, no son precisamente tranquilizadores.
Factores hay muchos. Suelo inadecuado, falta de agua, especies mal elegidas, abandono, la lista es larga.
La Ley 2173 intenta corregir esto obligando a garantizar la supervivencia, pero entre la norma y la realidad hay un trecho considerable.
Algunos proyectos están empezando a reportar tasas de mortalidad que obligan a replantear todo. No es un fracaso total, pero sí un aviso serio.
Esto también cambia el discurso. Ya no se puede hablar solo de árboles sembrados. Hay que hablar de árboles vivos. Y eso, como podrás imaginar, es bastante más exigente.
Mientras tanto, el país sigue avanzando en su apuesta por la restauración, apoyado en el marco del Sistema Nacional Ambiental. Pero la pregunta sigue ahí, bastante directa: ¿estamos preparados para asumir que no todo sale bien a la primera?