La nueva regulación pone el foco en la supervivencia de los árboles, no en la cantidad plantada
Durante años, sembrar árboles fue casi un gesto automático. Se organizaban jornadas, se plantaban cientos o miles de ejemplares, los que ya sabemos se paraban para la foto y ya se daba por cumplida la tarea.
¿Quieres entender toda la Ley 2173 de una vez? Lee nuestra Guía completa Ley 2173/21.
Pero muchos de esos árboles no llegaron muy lejos (la supervivencia de un árbol en la naturaleza es del 15%, con suerte).
La aplicación de la Ley 2173/21 está cambiando ese enfoque. Ahora, el éxito no se mide el día de la siembra, sino dos años después. Y eso obliga no solo a replantear todo el proceso sino también a replantear el espíritu con el que se siembra.
Los japoneses tienen su IKIGAI, su propósito en la vida, y lo resumen con algo tan sencillo como poner el alma en lo que haces. Nosotros tenemos la 2173/21, la cual nos orienta (como una madre con chancla en mano) a restaurar nuestros ecosistemas. Y el propósito es real: sembrar y cuidar. Sembrar y mantener. Sembrar y recuperar lo que era nuestro. Ese es el alma de esta ley.
Elegir mal la especie, plantar en un suelo inadecuado o abandonar el mantenimiento son errores que solo conducirán a un chancletazo en la cola (y duro, pues el reglamento detalla multas de hasta 5.000 salarios mínimos a quién no cumpla con la normativa). Así que nosotros recomendamos, desde Arvex Firm, a que se cumpla la ley de principio a fin.
Algunas empresas ya están adaptándose e incluso empiezan a aparecer comunidades y colectivos que se están sumando (sin obligación ni chanclas) a este plan: restaurar lo que es nuestro.
Así que los japoneses se queden con su IKIGAI, que los colombianos les vamos a demostrar de qué somos capaces cuando remamos juntos. ¡Arigato!