La obligación legal transforma la relación entre empresas y medioambiente
Durante años, la sostenibilidad fue, en muchos casos, una decisión voluntaria. Algo que sumaba reputación, que ayudaba a posicionarse. Eso ya no es suficiente.
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Con la Ley 2173, la reforestación pasa a ser una obligación. Y eso cambia completamente el enfoque. Porque lo obligatorio se gestiona distinto a lo opcional. Ya no se trata de si una empresa quiere participar. Se trata de cómo lo va a hacer. Y si lo hace bien.
Esto también eleva el nivel de exigencia. No solo por parte de las autoridades, sino también de la sociedad. Porque cuando algo es obligatorio, se espera que funcione.
El marco legal colombiano, con la Ley 99 de 1993 como base, refuerza esta idea: la protección ambiental no es un extra, es parte del funcionamiento del sistema.
Y eso, poco a poco, va calando. Algunas empresas lo están viendo como una carga. Otras, como una oportunidad para diferenciarse. Para hacer las cosas mejor.
Supongo que, como siempre, dependerá de quién esté al otro lado tomando decisiones. Pero hay algo que ya no tiene vuelta atrás: esto ya no es opcional. Y cuando algo deja de ser opcional, empieza a tomarse en serio.